CERO DESPERDICIOS, HOGAR

Nueva meta: generar menos basura en nuestro hogar

Luego de ordenar nuestra casa como queríamos y de reducir nuestras pertenencias a lo mínimo suficiente para nuestro estilo de vida, nos pusimos una nueva meta: reducir la basura que generamos.

La idea surgió de dos frentes:

#1

Por una parte, tenía la cosquilla desde hace un año, cuando empecé a seguir una cuenta de Instagram de una mujer llamada Heather, que busca convertir su hogar en uno de cero desperdicios. (La cuenta es @intentionalism).

Antes yo solo había oído de reciclar, pero jamás de algo tan drástico como NO GENERAR BASURA. Poco a poco descubrí que había un movimiento llamado Zero Waste y que además estaba muy ligado con el minimalismo.

Luego me topé con un video de una chava en México que convirtió a su familia en cero desperdicios, con la historia de una mujer que solo produce un frasco de basura al año y otros artículos interesantes.

También he descubierto que hay una gran comunidad aquí en el país tratando de hacer esto.

– Por cierto, abrí un grupo en Facebook para compartir ideas y consejos al respecto. 

#2

Por otra parte, cuando mi mamá vino a conocer a la bebé y se quedó unos días, me hizo la observación de que salía mucha basura de mi casa. Después de escuchar eso, observé durante varias semanas nuestros hábitos y descubrí que sí, que generábamos muchísimos desperdicios, en especial de la cocina.

Lo más “ecofriendly” que hacíamos hasta ahora era caminar lo más posible en lugar de usar coche, llevar nuestro carrito al supermercado (no evitábamos todas las bolsas) y tener un bote para desperdicios orgánicos.

En busca de generar menos basura. Paso I: Aprender de los expertos

Lo primero que hice fue preguntarle a Heather con qué libro podía empezar y me recomendó el de LA GURÚ de este movimiento, Bea Johnson, una francesa que vive en Estados Unidos y que transformó por completo todos sus hábitos para que su hogar (con esposo y dos hijos) no generara basura.

El libro, llamado Zero Waste Home, es súper práctico. Te dice puntualmente qué hacer en cada espacio de tu hogar, en cada situación (por ejemplo, a la hora de pedir en el súper las cosas sin bolsa) o en cada evento (Navidad, Halloween…) para reducir tu basura y gastar menos recursos como luz o agua.

Johnson usa las 5 R’s en este orden para evitar los desperdicios en su hogar: rechazar, reducir, reusar, reciclar, composta (rot, en inglés).

Lo que me gustó de su libro es que no es evangelizador sino práctico. Si bien tiene un poco de filosofía minimalista y de datos sobre contaminación (y hasta un apartado sobre cómo puedes involucrarte más en la sociedad para promover este estilo de vida), no intenta “convertirte”.

Te platica cómo lo hizo ella, en qué se equivocó y te invita a hacerlo de acuerdo con tus posibilidades y con tu estilo de vida. Incluso, hay una parte donde te dice que ella ha sido criticada por tener hijos, comer carne y viajar a Francia. Cuenta que para algunos su vida es muy extrema y para otros, no lo es tanto.

Con un estilo muy divertido, te platica cómo se puso de todo en la cara para suplir el maquillaje y la vez en que se cortó el pelo para no gastar tanta agua y se veía horrible, o cuando intentó hacer su propia mantequilla, aunque le costara muchísimo dinero.

Checa este video de introducción a su vida (en inglés):

https://www.youtube.com/watch?time_continue=328&v=y583QTbetsQ

Nuestros abuelos eran cero desperdicios

Algo que me ha parecido muy interesante de este movimiento es que en el fondo se trata de recuperar algunos hábitos de nuestros abuelos como cuidar nuestras cosas, buscar calidad y no cantidad, usar menos objetos desechables (como navajas de afeitar) comprar a granel, hacer conservas, guardar los frascos e incluso hacer nuestra composta (mi abuelita nos mandaba a dejar las cáscaras de plátano, huevo y los restos de café a un hoyo en un rincón del jardín).

Basta con ver este dato, publicado en un artículo del NYTimes:

Desde la década de 1950 a la fecha, se han producido 8300 millones de toneladas métricas de plástico, pero cerca de la mitad se creó a partir de 2004.

¡Del 2004! O sea que usar TANTO plástico es relativamente nuevo.

Y lo otro que me encantó de esto es que al decir NO a los desperdicios vivimos más bonito, cocinamos más saludable y en general tenemos una vida más simple. Por ejemplo, al usar servilletas de tela, evitar alimentos empaquetados, cocinar nuestras propias salsas… a la mesa, a nuestra alacena y a nuestro estómago les irá mejor.

Como dijo un amigo en Twitter el otro día (con otras palabras), tomar con popote no es bonito.

Nuestros primeros pasos y nuestras primeras reglas

Nuestros primeros pasos

  • Evitar que las bolsas de plástico o de papel lleguen a nuestra casa. Para ello vamos al mercado cuando podemos, usamos nuestro carrito, unas bolsas de súper que ya teníamos y otras que hice. (Sí, estoy aprendiendo a coser :D). El otro día fuimos a comprar ropa y F. pidió en todos lados que nos dieran las cosas sin bolsa (por eso lo amo <3).
  • Separando cartón, latas y plástico. Hay basura que por ahora es inevitable generar -como la de las cervezas-, así que la estamos separando y planeamos ir al mercado del trueque de la Ciudad de México. 
  • Evitar empaques de cualquier tipo. Por ejemplo, estamos tratando de preparar nuestra salsa de tomate, nuestras galletas y a ver qué más podemos hacer. También estamos investigando dónde comprar cosas a granel que no existan en el mercado al que vamos (como el jabón para lavar) e incluso estamos buscando opciones de nuestros artículos de tocador (ya encontré una tienda de maquillaje zero waste que tenemos pendiente visitar, se llama Lush). También visité La Nature, una tienda de cero desperdicios, en busca de mantequilla a granel pero ya no la venden (¡¡al parecer sí es carísimo hacerla!!).
  • Evitar ropa que no sea de fibras naturales. Acá va otro dato al respecto, del mismo artículo del NYTimes:

Los nuevos datos sugieren que cada vez es más común la contaminación en ríos y arroyos, así como en la tierra, y que la mayor parte de la contaminación se encuentra en forma de pedazos microscópicos de fibras sintéticas que provienen principalmente de la ropa.

  • Usar pañales de tela. Esto ya lo tenía en mente desde que supe que estaba embarazada; por ahora estamos consiguiendo los pañales de tela, porque es una buena inversión (solo tenemos dos y se lo pongo un día sí y un día no).

Nuestras primeras reglas

No volvernos locos. Así es. La primera regla que nos pusimos es no volvernos locos. ¿En qué sentido? En su libro, Johnson explica que a veces viajaba cientos de kilómetros buscando un producto cero desperdicios o se esclavizaba haciendo algo para no generar basura.

Creemos que una vida con menos basura debe ser natural y no implicar un gran esfuerzo; se trata de cambiar los hábitos de una manera sencilla para que este estilo de vida sea lo más sustentable posible. Si no, es probable que nos cansemos y desistamos en esta tarea.

No evangelizar. Tenemos claro que cada quien tiene necesidades, posibilidades, prioridades y gustos distintos. Sabemos que no todos viven en una ciudad donde hay un mercado del truque o que no todos tienen el privilegio de elegir qué comer o cómo vestir. Además, queremos que sea algo totalmente natural para nuestra hija y que no vaya por la vida juzgando a nadie por usar popotes o bolsas.

No afectar nuestra economía. Si bien el minimalismo y la vida de cero desperdicios puede ser más barata (como lo descubrió Johnson), la transformación requiere algo de inversión, por ejemplo, en prendas de ropa de calidad (aunque sean de segunda mano), en frascos o recipientes duraderos, en objetos no contaminantes (¡Hay cepillos de dientes de madera que cuestan 65 pesos!), en jabones no contaminantes, entre otros. De ninguna manera vamos a gastar lo que no tenemos. El cambio es poco a poco.

Tener claro que lo que hacemos no cambia al mundo. Tenemos claro que esto no cambia al mundo (lo ideal sería un cambio desde la industria) y creemos en que nuestra energía debe estar en otras causas (de ahí que busquemos que sea lo más natural posible); lo único que queremos es que de nuestro hogar salga menos basura.

¿Y la composta?

De momento no pensamos hacer composta por dos razones:

  • F. y yo vivimos en un departamento y solo tenemos una planta (no sabemos para qué podemos usarla).
  • No estoy preparada para los gusanos. Tengo fobia y si bien podría tenerlos en un rincón del jardín, no estoy lista para tenerlos en mi casa. Quizá más adelante sí 🙂

    ¡Hasta la próxima!

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