HOGAR

¿Por qué los humanos tenemos (y amamos) cosas?

Aparentemente, amar cosas está mal. Nos lo dicen en el cine, en los libros, en la tele… lo platicamos entre amigos y familiares. “Lo material no importa”. A la par, el mundo que nos rodea nos dice: compra, compra, compra.

Es una de esas posturas paradójicas de la cultura popular, como “lo que importa es lo de adentro” vs. “de la vista nace el amor”.

Lo cierto es que la mayoría de nosotros tenemos cosas y amamos, al menos, una de ellas. O muchas. Deshacernos de nuestras posesiones no es tan fácil (ascéticos, aparte) y cuando alguien o algo nos despoja de ellas, nos sentimos vulnerables.

La organización me obsesiona un poco (o mucho) porque nos permite ser más productivos o hacer otras actividades, en lugar de acomodar objetos o limpiarlos. Prefiero pasar el fin de semana en el cine, compartiendo con mi familia o, irónicamente, leyendo sobre organización, y no sacudiendo estantes o clósets llenos de cosas.

Aún así, no me veo en una vida 100% minimalista, me gustan mis cosas. Además, conozco personas nada materialistas para quienes ciertos objetos son muy importantes.

Por eso, antes de escribir este texto, tenía la idea de que nuestra negación al desprendimiento debía tener una razón más profunda, que no solo somos zombies de la publicidad o ‘títeres’ del sistema capitalista.

¿Quién tiene la culpa de que guardemos y amemos cosas?

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Después de indagar un poco, descubrí que nuestro gusto por tener cosas es el resultado de una mezcla entre una herencia evolutiva y el entorno sociocultural, mientras que nuestro ‘amor’ por los objetos está vinculado con personas o situaciones que nos provocaron emociones.

Según varias investigaciones científicas, los humanos empezaron a acumular cosas cuando descubrieron la agricultura y dejaron de vagar por el mundo en busca de comida.

“Una consecuencia de nuestra evolución como seres culturales ha sido el aumento de nuestra dependencia en los objetos para supervivencia y comodidad. Comparados con los cazadores-recolectores, descritos por Marshall Sahlins, a quienes les aterraba la idea de tener que aceptar regalos porque significaba cargar una cobija o una jarra más en su trayectoria nómada, lentamente estamos siendo enterrados bajo un montón de artefactos”, escribió el doctor Mihaly Csikszentmihalyi, un distinguido profesor e investigador de psicología, en un ensayo titulado “Por qué necesitamos cosas”, en el libro History from Things (Historia de las cosas).

Es decir que el sedentarismo y nuestro hábito de acumulación están relacionados. Desde otra perspectiva más ¿poética?, los objetos que poseemos simbolizan nuestro hogar y en ellos proyectamos nuestra esencia.

“Las cosas personifican metas, permiten que las habilidades se manifiesten y forman las identidades de sus usuarios”. (Csikszentmihalyi y Rochberg-Halton, 1981, The meaning of things).

“El hombre no solo es homo sapiens u homo ludens. es también homo faber, fabricante y usuario de objetos, su yo es una extensión del reflejo de las cosas con las que interactúa”, escribe Csikszentmihalyi en “The meaning of things” (El significado de las cosas).

Cosas de niños

Para mí, las cosas son símbolos, y los humanos necesitamos los símbolos.

Nuestro apego a ellas empieza desde que somos muy pequeños. “La idea de que podemos ser dueños de algo, poseerlo como si fuera parte de nosotros, es una que los niños tienen desde los dos años. Y a los 6, exhiben el ‘efecto dotación’”, señala un artículo publicado por la Sociedad Británica de Psicología,

“La mayoría de los niños tiene una intensa relación con un objeto de apego específico, usualmente su manta favorita o un juguete suave”.

En las investigaciones y otros textos que tratan sobre las cosas, a menudo hablan del “endowment effect”, conocido en español como el “efecto dotación”. Este “describe nuestra tendencia de valorar más las cosas cuando ya las tenemos”, explica la periodista de Business Insider, Shanna Lebowitz.

Según algunos economistas, tiene que ver con nuestra aversión a la pérdida y el hecho de que le damos más valor a lo que perdemos que a lo que ganamos.

En este video lo explican muy bien:

Amar nuestras cosas no está mal

Creo que podemos amar nuestras cosas de una manera sana y sentir una suerte de duelo cuando las perdemos. A mí me pasó en un asalto, cuando me quitaron mis anillos de compromiso y de casada.

Obviamente estoy agradecida porque mi esposo y yo salimos ilesos, y estoy consciente de que los anillos son solo cosas, pero tenían un valor sentimental importante, eran el recuerdo de dos días bellísimos que cambiaron mi vida por completo.

En una hermosa columna en el New York Times, titulada “Celebremos el arte de la acumulación”, Dominique Browning, quien fue editora en jefe de la revista Home & Garden, escribió:

“Me gustaría proponer una agenda totalmente distinta, basada en el amor, la estimación y la intemporalidad. Una que reconozca que, al vivir, acumulamos. Admiramos. Deseamos. Coleccionamos. Exhibimos.

Y en el curso de una vida, buscamos, nos enraizamos y hurgamos entre nuestras cosas, porque es parte de lo que significa ser humano. Atesoramos.

¿Por qué diablos nos desharíamos de nuestras cosas maravillosas?”.


UN DATO MUY CURIOSO

  • Una investigación de este centro encontró una relación directa entre el número de cosas en un hogar y la cantidad de imanes en el refrigerador.

De eso, luego hablamos.

¡Hasta la próxima!

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