MINIMALISMO

Mi primera Navidad minimalista: ¿Qué aprendí?

Cuando era niña amaba la Navidad. Era sinónimo de reunirme con mis primos, comer cosas ricas y, por supuesto, recibir y dar regalos.

Y sí, rezábamos y tal, pero cuando eres niño eso no es relevante (acéptalo).

Rara vez pasábamos las fiestas en la misma ciudad donde vivíamos, así que en algunas ocasiones los regalos esperaban semanas debajo de nuestro árbol, en especial cuando eran muy grandes. La mayoría de las veces, Santa sí nos visitaba en la casa de mis tías o de mi abuela o de quien sea que nos hospedara.

Hubo años memorables, como la vez que el viejo escondió nuestros regalos en la lavadora. Esa mañana pasamos de la emoción a la decepción porque después de horas de búsqueda nadie los encontraba, hasta que mi papá gritó desde afuera: ¡Acá están, acá están!

Mi Santa era tan especial (aka mis padres), que me llegaron regalos hasta los veintitantos.

Y más allá de las cosas que recibía, lo que más me gustaba era el factor sorpresa. El recuerdo de esa sensación es uno de mis más grandes tesoros.

Además, hoy puedo ver (y agradecer) el esfuerzo que representaba para mi Santa hacernos tan felices, desde algo tan simple como quedarse despierto hasta que nosotros nos durmiéramos o darnos exactamente lo que queríamos pese a la situación económica de algunos años.

Después de muchas Navidades muy bonitas, me pasaron tantas cosas que las fiestas de mi vida adulta eran ya sinónimo de estrés y no de alegrías.

Este año me quedó un poco de esa inercia, pero logré entrar al 2018 con una visión completamente distinta, porque esta fue la primera Navidad en la que puse en práctica algo de minimalismo.

Las reglas de mi primera Navidad minimalista

Navidad minimalista

Lo primero que hice fue poner algunas reglas:

  1. No gastar tanto en mi decoración navideña (puse un arbolito maceta que, junto con adornos naturales y cosas que ya tenía, no me costó más de $200 pesos)
  2. Apegarme a una lista de regalos
  3. No sentirme mal por no comprarle regalo a alguien o no sentir compromiso por comprarle regalo a alguien
  4. Aprender a recibir sin dar algo a cambio (esto, aunque parece algo terrible, es algo muy bonito, en especial si te cuesta mucho recibir)
  5. Empezar el 2018 con un ahorro

Todas estas acciones me costaron mucho, en especial no comprar todos los regalos que antes daba o recibir las cosas sin tener nada que dar, pero aprendí algunas cosas que me encantaría poner en práctica en la siguiente Navidad.

En total di 5 regalos, cuando en navidades pasadas daba hasta 12 o más.

¿Qué aprendí de mi primera Navidad minimalista?

#1 Hay que dar regalos del alma

Esto suena muy cursi, pero no es tan así. Si bien me propuse no dar tantos regalos materiales, hubo un par de acciones bonitas que pude regalar en estas fiestas y no lo hice, por orgullo, por comodidad o por miedo. Creo que la próxima pondré más atención a esos detalles.

#2 Dar regalos a quien quiera

Los intercambios son bonitos, pero no siempre te toca darle a quien más quieres. Eso de no participar en tantos intercambios lo aplico desde hace varios años, pero creo que aquí sí podría tomar la vía más extrema y no entrar a ninguno, y dar regalos a quien quiera.

#3 Planear y comprar regalos con anticipación

Este es uno de mis propósitos de año nuevo. Hacer una lista e ir comprando los regalos de la próxima Navidad, por tres razones:

  1. Por si me los encuentro en oferta
  2. Para que no implique un gran gasto a fin de año
  3. Planeado puede salir más bonito

#4 Reusar bolsas o dar regalos en bolsas de tela

Este año di todos mis regalos en una bolsa navideña del año pasado o en bolsas de tela (que yo hice). Esto es una acción muy simple y me gustó mucho, sobre todo lo de la bolsa de tela.

#5 Regalar experiencias o cosas artesanales

Está de moda la idea de “regalar experiencias” y me parece muy bonita. Se trata de que en vez de un objeto regales tiempo o una actividad. Esto está padrísimo para niños o para personas que casi no ves, que quieres ayudar (por ejemplo, si tu abuelita necesita ayuda para limpiar su casa o hacer pendientes, puedes hacerle un cupón de un día entero para ella)… o si te gustaría que se consintieran, un día de spa es ideal.

#6 Dar EL regalo que alguien de verdad quiere

Esto sí lo hice. Busqué a las personas más cercanas a los que me tocaron en el intercambio y les pregunté qué querían. Algunos regalos fueron fáciles de encontrar, pero otros no. Esta es una gran práctica tanto para tu minimalismo como para no contribuir a que los demás se llenen de cosas que no quieren, no necesitan o no les gustan.

#7 Los niños son cosa aparte

Importantísimo. Si el minimalismo es difícil para nosotros como adultos, imagínate los niños que están bombardeados de publicidad y rodeados de otros niños que reciben miles de cosas. Creo que con medida y haciéndoles saber que eso no es lo más importante, los niños sí deben recibir regalos. Hay muchas ideas al respecto, que dan para otro post.

#8 Dar regalos es muy bonito y hacerlo no significa que no eres minimalista

Creo que dar regalos es MUY bonito, porque son expresiones físicas de que quieres a alguien, así que si lo quieres hacer, adelante. Solo no te vuelvas loco y no te quedes en la bancarrota por ello.

Escribí otro post específicamente sobre el arte de dar regalos. ¡Léelo aquí!

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